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ÌNDICE DA ENCÍCLICA REDEMPTOR HOMINIS

IOANNES PAULUS PP. II
REDEMPTOR HOMINIS
aos veneráveis Irmãos no Episcopado
aos Sacerdotesàs Famílias religiosas
aos Filhos e Filhas da Igreja
e a todos os Homens de Boa Vontade
no início do Seu Ministério Pontifical
1979.03.04
Veja também: Créditos
Índice -
Bênção I. HERANÇA 1. No final do segundo Milénio 2. Primeiras palavras do novo Pontificado 3. Confiança no Espírito da Verdade e do Amor 4. Referência à primeira Encíclica de Paulo VI 5. Colegialidade e apostolado 6. Caminho para a união dos cristãos II. O MISTÉRIO DA REDENÇÃO 7. No Mistério de Cristo 8. Redenção: renovada criação 9. Dimensão divina do mistério da Redenção 10. Dimensão humana do mistério da Redenção 11. O Mistério de Cristo na base da missão da Igreja e do Cristianismo 12. Missão da Igreja e liberdade do homem III. O HOMEM REMIDO E A SUA SITUAÇÃO NO MUNDO CONTEMPORÂNEO 13 . Cristo uniu-se com cada um dos homens 14. Todas as vias da Igreja levam ao homem 15. De que é que o homem contemporâneo tem medo 16. Progresso ou ameaça? 17. Direitos do homem « letra » ou «espírito » IV. A MISSÃO DA IGREJA E O DESTINO DO HOMEM 18. A Igreja solicita pela vocação do homem em Cristo 19. A Igreja responsável pela verdade 20. Eucaristia e Penitência 21. Vocação cristã: servir e reinar 22. A Mãe da nossa confiança Fonte: http://www.vatican.va/edocs/POR0061/_INDEX.HTM

ÌNDICE DA ENCÍCLICA FIDES ET RATIO

IOANNES PAULUS PP. II
FIDES ET RATIO
aos Bispos da Igreja Católica
sobre as relações
entre Fé e Razão
1998.09.14
Veja também: Créditos
Índice -
Veja também: Índice das notas

Bênção

INTRODUÇÃO - «CONHECE-TE A TI MESMO »

CAPÍTULO I - A REVELAÇÃO DA SABEDORIA DE DEUS 1. Jesus, revelador do Pai 2. A razão perante o mistério

CAPÍTULO II - CREDO UT INTELLEGAM 1. « A sabedoria sabe e compreende todas as coisas» (Sab9, 11) 2. « Adquire a sabedoria, adquire a inteligência » (Prov 4, 5)

CAPÍTULO III - INTELLEGO UT CREDAM 1. Caminhar à procura da verdade 2. Os diferentes rostos da verdade do homem

CAPÍTULO IV - A RELAÇÃO ENTRE A FÉ E A RAZÃO 1. As etapas significativas do encontro entre a fé e a razão 2. A novidade perene do pensamento de S. Tomás de Aquino 3. O drama da separação da fé e da razão

CAPÍTULO V - INTERVENÇÕES DO MAGISTÉRIO EM MATÉRIA FILOSÓFICA 1. O discernimento do Magistério como diaconia da verdade 2. Solicitude da Igreja pela filosofia

CAPÍTULO VI - INTERACÇÃO DA TEOLOGIA COM A FILOSOFIA 1. A ciência da fé e as exigências da razão filosófica 2. Diferentes estádios da filosofia

CAPÍTULO VII - EXIGÊNCIAS E TAREFAS ACTUAIS 1. As exigências irrenunciáveis da palavra de Deus 2. Tarefas actuais da teologia

CONCLUSÃO

Fonte: http://www.vatican.va/edocs/POR0064/_INDEX.HTM

EL DIOS DE LA FE Y EL DIOS DE LOS FILÓSOFOS

Por Joseph RATZINGER
PRÓLOGO
La elaboración que doy ahora a la publicidad es una reproducción de la lección inaugural que, con motivo de mi llamamiento para la cátedra de Teología Fundamental de la Facultad Católica de Teología de la Universidad de Bonn, mantuve el 24 de junio de 1959. Al texto de la lección, sin modificaciones, le ha sido añadida, una serie de anotaciones para la fundamentación científica de lo que en él se dice. Meta de mi elaboración era aclarar el problemático trasfondo de una frase demasiado manida desgraciadamente, y con ello entrarle hasta el fondo a una cuestión que tanto para la propia orientación interior de la teología católica, como para el diálogo entre las confesiones, es de alta importancia. Es para mí una satisfacción saberme, en la realización de esta tarea, unido con las más profundas intenciones de mi maestro Gottlieb Söhngen, al igual que con las de mi predecesor Albert Lang.
Dedico estas líneas a la memoria de mi padre, que ha acompañado con participación cuidadosa todos mis trabajos, hasta que en el pasado agosto, inesperadamente, fue llamado de este mundo.
Bad Godesberg, en la fiesta de Santo Tomás de Aquino, 1960.
Joseph RATZINGER
INDICE
Introducción: La prehistoria de la cuestión
I. El problema
1. La tesis de Tomás de Aquino
2. La tesis contraria de Emil Brunner
II. Intento de una solución1. El concepto filosófico de Dios y la religión precristiana
2. El concepto filosófico de Dios y la revelación bíblica de Dios
3. La unidad de relación de filosofía y fe
INTRODUCCION: LA PREHISTORIA DE LA CUESTIÓN
El tema de estas reflexiones [2] –el Dios de la fe y el Dios de los filósofos– es, según su asunto, tan antiguo como el estar la una junto a la otra de fe y filosofía. Pero su historia explícita empieza con una pequeña hoja de pergamino que pocos días después de la muerte de Blaise Pascal se encontró cosida al forro de la casaca del muerto. Esta hoja, llamada «Memorial», da noticia recatada y, a la vez, estremecedora de la vivencia de la transformación que en la noche del 23 al 24 de noviembre de 1654 le ocurrió a este hombre. Comienza, tras una indicación muy cuidadosa del día y de la hora, con las palabras: «Fuego, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no el de los filósofos y los sabios» [3] . El matemático y filósofo Pascal había experimentado al Dios vivo, al Dios de la fe, y en tal encuentro vivo con el tú de Dios, comprendió, con asombro manifiestamente gozoso y sobresaltado, qué distinta es la irrupción de la realidad de Dios en comparación con lo que la filosofía matemática de un Descartes, por ejemplo, sabía decir sobre Dios. Los Pensées de Pascal hay que entenderlos desde esta vivencia fundamental: en contraposición con la doctrina metafísica de Dios de aquel tiempo, con su Dios puramente teórico, intentan conducir inmediatamente desde la realidad del concreto ser hombre, con su insoluble implicación de grandeza y miseria, hasta el encuentro con el Dios que es la respuesta viva a la abierta pregunta de ese ser hombre; y éste no es ningún otro que el Dios de gracia en Jesucristo, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Si la filosofía del tiempo, de Descartes especialmente, es una filosofía desde el «esprit de géometrie», los Pensées de Pascal buscan ser una filosofía desde el «esprit de finesse», desde la comprensión real de la realidad entera, que penetra más hondamente que la abstracción matemática [4] . No obstante, la filosofía racionalista del tiempo, vista por Pascal en toda su insuficiencia, estaba entonces todavía tan segura de sí misma que no pudo quedar estremecida por las advertencias «desviadas» y fragmentarias de Pascal, filósofo autodidacta. Sólo la demolición de la metafísica especulativa, hecha por Kant, y el traslado de lo religioso al espacio extrarracional y así también extrametafísico del sentimiento, por Schleiermacher, hizo irrumpir definitivamente el pensamiento pascaliano y condujo, sólo entonces, al aguzamiento del problema: por primera vez es ahora la fosa insalvable entre metafísica y religión. Metafísica, es decir razón teorética, no tiene acceso alguno a Dios. Religión no tiene ningún asiento en el espacio de la «ratio». Es vivencia que se sustrae a la mensurabilidad científica; intentar ésta significa, sin embargo, restar de aquélla un esquema irreal, el «Dios de los filósofos» [5] . Esto tiene una consecuencia ulterior: religión, que no es racionalizable, no puede en el fondo ser tampoco dogmática, si dogma, por otra parte, ha de ser una declaración racional sobre contenidos religiosos. Así, la contraposición experimentada concretamente entre el Dios de la fe y el Dios de los filósofos, queda finalmente generalizada como contraposición entre Dios de la religión y Dios de los filósofos. Religión es vivencia; filosofía es teoría; correspondientemente, el Dios de la religión es vivo y personal; el Dios de los filósofos, vacío y rígido [6] . Hoy se ha llegado a hacer de esta distinción casi una frase hecha y, en cualquier caso, un lugar común, detrás del cual pueden muy bien ocultarse representaciones muy diversas y frecuentemente también una falta de verdadero conocimiento de los problemas. Tanto más importante es hacer claridad en este asunto, sobre todo, si, coma queda insinuado, se anudan a tales distinciones cuestiones de fondo de teología fundamental, tal como la de la relación de religión y filosofía, de creer y saber, de razón de validez general y vivencia religiosa, y, finalmente, la pregunta por la posibilidad de religión dogmática. Se demostrará como más adecuado proceder desde la contraposición más estrecha y más fácilmente captable «Dios de la fe y Dios de los filósofos». Intento, primeramente, hacer avanzar dos respuestas de gran talla y opuestas radicalmente la una a la otra, y cuyo estudio crítico ha de ayudar a una solución concluyente.
I. EL PROBLEMA
1. La tesis de Tomás de Aquino
En primer lugar, la respuesta de Santo Tomás de Aquino, que puede concretarse en pocas palabras. Vaya por delante que Tomás, naturalmente, no conoce el planteamiento moderno de la cuestión, pero que sabe del asunto y entra en él. Su opinión se dejaría exponer de la siguiente manera: para Tomás caen el Dios de la religión y el Dios de los filósofos por completo el uno en el otro, el Dios de la fe, por el contrario, y el Dios de la filosofía, se distinguen parcialmente; el Dios de la fe supera al Dios de los filósofos, le añade algo. La «religio naturalis» –y esto es: cada religión fuera del cristianismo– no tiene ningún contenido superior, ni puede tenerlo, al que le ofrece la doctrina filosófica de Dios. Todo lo que contenga por encima o en contradicción con ésta es caída y embrollo. Fuera de la fe cristiana, la filosofía es, según Tomás, la más alta posibilidad del espíritu humano en general [7] . Max Scheler habla aquí, y no sin derecho, de un sistema parcial de identidad del Aquinate, que identifica las religiones extracristianas, según su contenido de verdad, con la filosofía, y mantiene sólo la fe cristiana fuera de esa total identidad [8] . Esta procura una imagen de Dios nueva, más elevada que la que pudiera nunca forjarse y pensar la razón filosófica. Pero la fe tampoco contradice la doctrina filosófica de Dios; para iluminar su relación con ella se dejaría aplicar más bien, y con sentido, la fórmula «gratia non destruit, sed elevat et perficit naturam» [9] .
La fe cristiana en Dios acepta en sí la doctrina filosófica de Dios y la consuma. Dicho brevemente: el Dios de Aristóteles y el Dios de Jesucristo es uno y el mismo; Aristóteles ha conocido el verdadero Dios, que nosotros podemos aprehender en la fe más honda y puramente, así como nosotros en la visión de Dios al lado de allá aprehendemos un día más íntimamente y más de cerca la esencia divina. Se podría tal vez decir sin violencia del estado de cosas: la fe cristiana es, al conocimiento filosófico, de Dios, algo así como la visión del fin de los tiempos de Dios es a la fe. Se trata de tres grados de un camino entero unitario.
2. La tesis contraria de Emil Brunner
La radical contradicción de esta solución armónica la señala la doctrina de Dios del teólogo reformado Emil Brunner, la cual, además, trae a contribución, si bien en forma ciertamente muy aguzada, un deseo esencial de la teología reformadora en general [10] . Brunner anuda su doctrina de Dios al hecho sorprendente de que Dios en la Biblia tiene nombre. Este es, sin duda, un estado de cosas contrario a la tendencia fundamental de la doctrina filosófica de Dios. La filosofía quiere precisamente sobre lo particular y plural, que lleva nombre, avanzar hasta lo general, hasta el concepto. Lo que lleva nombre es particular, junto a él hay igual; pero la filosofía busca el concepto, que, en cuanto designación de lo general, es la contraposición estricta del nombre. Así aspira consecuentemente la doctrina filosófica de Dios, lejos del nombre de Dios, hacia su concepto. Es tanto más pura, cuanto más lejos del nombre ha llegado hacia el mero concepto.
Pero el Dios bíblico tiene nombre, y es uno particular, uno determinado, en lugar de ser «el absoluto». Y este llevar nombre de Dios no es como una mera imperfección de los grados tempranos del Antiguo Testamento, posiblemente todavía medio politeístas, los cuales quedarán tachados por una creciente depuración del concepto de Dios. No, en la Biblia se deja observar una doble evolución, de tal modo que los nombres de Dios particulares, determinados, retroceden siempre más y más, mientras que, al mismo tiempo, la conciencia de que Dios tiene un nombre más bien se fortalece. Sí, el escrito del Nuevo Testamento, teológicamente desarrollado con más alcance, el Evangelio de Juan, resume la función de Jesús exactamente en que ha revelado a los hombres el nombre de Dios: «He manifestado a los hombres tu nombre» (17, 6; cfr. 17, 26: «les he dado a conocer tu nombre y se lo daré a conocer»; 12, 28: «Padre, clarifica tu nombre»; ésta es la meta de la vida de Jesús; confr. la petición del Padrenuestro: «santificado sea tu nombre»: Mt., 6, 9). Y Cristo está ahí, por así decir, como el nuevo Moisés, cuya obra –la manifestación del nombre de Dios y, con ello, la fundamentación de una relación de hombre y Dios– ha realizado nuevamente de manera más alta,
¿Qué significa, pues, este hecho del nombre de Dios? El nombre no es expresión de conocimiento de la esencia, sino que le hace a un ser apelable, y en cuanto que da la apelabilidad, procura la ordenación social de lo llamado; de la apelabilidad se sigue la relación de la existencia con el ser a nombrar. Si Dios se da un nombre entre los hombres, no expresa con ello propiamente su ser, sino que, más bien, establece la apelabilidad, se hace accesible al hombre, entra en la relación de la coexistencia con él, o sea admite a los hombres a la coexistencia consigo. Y, además, rige el que Dios en cuanto el superior al hombre por antonomasia no puede ser nombrado por el hombre, no puede ser forzado por él a la apelabilidad; Dios es apelable sólo si se deja apelar; su nombre es conocido sólo si El mismo le da a conocer; la relación de la coexistencia no puede ser, por tanto, erigida por el hombre sino solamente por parte de Dios. Así se hace el nombre de Dios expresión del hecho de que Dios es uno que se nombra, que se revela, y no uno que es pensado «vía causalitatis». En lo cual queda al mismo tiempo manifiesta una importante contraposición en relación con el Dios de la filosofía griega: en la filosofía es el hombre el que desde sí mismo busca a Dios, en la fe bíblica es Dios mismo, y Dios solo, el que establece en libertad creadora la relación Dios-hombre. Así, la contraposición entre nombre de Dios y concepto de Dios, Dios de la fe y Dios de los filósofos, se hace ya más clara y determinada. El «Dios de los filósofos» es el Dios al cual no se le reza, con el que sí hay unidad –esto es, la unidad que piensa el pensamiento como la «más profunda verdad»–, pero ninguna comunidad que esté fundada por Dios mismo. De eso se trata en la afirmación de que hablar de la revelación del nombre de Dios es un antropoformismo primitivo. Este argumento no es otra cosa que la desesperada contradefensa del yo que quiere permanecer cabe sí mismo, que no quiere dejarse abrir, que no quiere dejarse empujar de su ser en el punto central, que se quiere afirmar contra el Dios que le creó... Porque todo esto se piensa con ese concepto tan decisivo para el testimonio bíblico, tan chocante para el pensamiento filosófico de Dios, con el concepto de «nombre de Dios»: el misterio esencial que se abre por la revelación del Dios verdadero, personal, que sólo puede ser conocido en cuanto tal en esa revelación. El Dios de la revelación es el cognoscible sólo en la revelación. Dios, como es pensado fuera de esa revelación, es otro; es un pensado; por tanto, no el personal; no es ése, cuya esencia es comunicarse [11] .
La contraposición entre Dios de fe y Dios de filósofos, tal y como sale a la luz en el hecho del nombre de Dios, se aguza hasta el extremo en el nombre central de Dios en la Biblia: Yahvé. La Biblia hebrea parafrasea y aclara este nombre con las palabras: «aehjaeh asaer aehjae»: Yo soy el que soy; los LXX ponen, en lugar de la doble forma activa, en el segundo caso, el participio: Egw eimi o wn (Ex. 3, 14); del yo soy se llega así al que es. Con lo cual se tomaba una decisión de imprevisible alcance, puesto que con esta traducción se proporcionaba un punto de partida decisivo para la síntesis de la imagen griega y bíblica de Dios. Los efectos de esta traducción sobre la teología patrística y escolástica son conocidos. Para ella estaba claro que Dios se llama aquí el que es, y con ello revela su esencia metafísica, que consiste en que es «ens a se», en el que esencia y existencia coinciden en unidad. Es decir: lo que es el concepto supremo de la ontología y el concepto concluyente de la doctrina filosófica de Dios aparece aquí como la declaración central del Dios bíblico sobre sí mismo. Esta palabra garantiza así la unidad de Escritura y filosofía, y es una de las abrazaderas más importantes que unen ambas. El nombre Yahvé es concebido como declaración de la esencia, en la que Dios descubre el originario fondo metafísico de su ser, de modo que en verdad ya no se trata exactamente de un «nombre», sino de un «concepto». En este lugar inserta la crítica de Brunner, que dicho brevemente consiste en la afirmación de que así se pone cabeza abajo el sentido de la declaración bíblica, de que se la trastoca hasta lo más íntimo. «Fue un completo malentendido, devastador en sus efectos, el que los padres de la Iglesia griegos cayesen en leer en el nombre de Yahvé una definición ontológica. El «yo soy el que soy» no puede ser traducido especulativa y definitivamente: yo soy el que es. En ello no sólo se falla el sentido de esa declaración; con ello se invierte el pensamiento bíblico de revelación en su contrario: se hace del nombre, de lo indefinible, una definición. El sentido de la paráfrasis del nombre es exactamente éste: «yo soy el lleno de misterio y quiero seguir siéndolo; yo soy el que soy. Yo soy el incomparable, y por esto no para definir, no para nombrar» [12] . En otro lugar habla Brunner de un malentendido ni más ni menos trágico en sus consecuencias [13] , y condena el guión establecido por Agustín entre ontología neoplatónica y conocimiento bíblico de Dios [14] . No se trata aquí para Brunner de un malentendido exegético particular, que siempre es una y otra vez posible, sino de la falsificación central del mensaje bíblico, ya que precisamente en el nombre de Dios tropiezan las contraposiciones extremas una con otra: a una parte está el Dios, que en la nominación de su nombre se da a conocer en cuanto tú y se abre al hombre, se le ofrece para comunidad. A la otra parte, el pensamiento filosófico, que en la revelación del nombre ve un antropomorfismo, con lo cual en último término rechaza la revelación misma. «El pensamiento de razón que se basta a sí mismo no quiere reconocer lo que viene de más allá de su propia posibilidad» [15] . «Quiere... sólo verdad, que tiene el signo: yo pienso, pero no verdad, cuyo signo es: ahí tienes ... » [16] . El error de los padres y escolásticos consistiría, por tanto, en que con su síntesis de Dios de la fe y Dios de los filósofos leen en un lugar lo que es precisamente radical contraposición y fallan y falsean así la esencia de la revelación cristiana hasta el fondo.
Con esto está impulsado hasta su hondura, última posible, el enfrentamiento de Dios de la fe y Dios de los filósofos. Aquí se convierte en pregunta por la esencia del cristianismo en general, en pregunta por la legitimidad de la síntesis concreta, que da forma al cristianismo de pensamiento griego y bíblico, en pregunta por la legitimidad de la coexistencia de filosofía y fe, y por la legitimidad de la «analogía entis» en cuanto positiva puesta en relación de conocimiento de razón y conocimiento de fe, de ser de naturaleza y realidad de gracia; y finalmente también en cuestión de decisión entre comprensión católica y protestante del cristianismo [17] . En una palabra: la problemática Dios de la fe y Dios de los filósofos resume entendida así, como en punto de ignición, la problemática entera de fundamentación de la teología, que en el cosmos de las disciplinas teológicas es la grave a la par que bella tarea del teólogo fundamental.
II. INTENTO DE UNA SOLUCION
1. El concepto filosófico de Dios y la religión precristiana
El problema es grave y serio. Puede uno aproximarse a él si se escudriñan, exacta y hondamente, ambos conceptos de Dios para conocer lo que tienen de esencial. Sólo un par de alusiones en esta dirección pueden intentarse aquí.
Procedamos del concepto filosófico de Dios, que se nos presenta, en frente del Dios de la fe de manera aguzada, como el concepto de Dios de la filosofía griega [18] . No basta para su comprensión conocer y adoptar una determinada forma de definición. Hay que ver más bien la relación en que está este concepto de Dios para con el mundo espiritual y religioso en el que fue encontrado y en el que se ordenaba de una u otra manera. Porque, indudablemente, también el concepto precristiano filosófico de Dios ha estado en alguna relación con la religión, que era también entonces otra cosa que filosofía, y sólo cuando se considere tal relación estará visto el concepto filosófico del Dios de los griegos como tal rectamente y por completo. Igual vale en principio para cada concepto filosófico de Dios. Esta relación es perceptible en la distinción estoica de tres teologías, que nos conduce a la raíz del concepto de «theologia naturalis», aquí constantemente en el trasfondo. La Stoa distingue: «theologia – mythica – civilis – naturalis» [19] . A este exacto complejo pertenece la filosófica «theologia naturalis» de los griegos; quien busque entenderla independientemente la entiende de manera falsa. Con esta partición estoica, tal y como es desarrollada sobre todo en los cuarenta y un libros de «Antiquitates rerum humanarum et divinarum», de M. Terentius Varro (116-27 a. de Cristo), queda de hecho exactamente acertado el problema del monoteísmo filosófico de los griegos, o sea de su doctrina filosófica de Dios [20] . ¿Qué se busca con esta partición? Vale por de pronto el observar que no se trata en manera alguna de tres miembros de igual rango. La separación de «theologia civilis» y «mythica» tiene primariamente carácter apologético y reformador. La «theologia civilis» ha de ser descargada y separada en lo posible de la teología mítica caída en descrédito con lo cual la estrecha conexión de hecho entre ambas es innegable. El enfrentamiento debería tal vez con más exactitud de ser simplemente: «theologia civilis» y «theologia naturalis». Preguntémonos ahora lo que significa esta diferencia. Varro la verifica muy cuidadosamente, según los factores particulares de cada teología. La «theologia mythica» es asunto de los poetas, la «theologia civilis», asunto del pueblo, y la «theologia naturalis», asunto de los filósofos o de los «physici». No olvida de advertir que el pueblo se ha sumado a los poetas en la cuestión capital. Una segunda diferencia atañe al lugar respectivo en la realidad, al que está ordenada cada teología. Según esto, a la teología mítica corresponde el teatro, a la política la polis, a la «natural» el cosmos. Aquí se hace ya visible de manera radical la profunda contraposición interior, que separa, de una parte, la teología mítica y política, y de otra, la teología natural. Ya que las indicaciones de lugar son por sí mismas completamente dispares. El lugar de la teología mítica y política está determinado por el ejercicio humano, del culto; el lugar de la teología filosófica, por el contrario, por la realidad de lo divino que está frente al hombre [21] . La contraposición se radicaliza más aún en la tercera distinción que Varro propone, y que se refiere al contenido de las tres teologías. La teología mítica tiene por contenido las diversas fábulas de dioses, los «mitos» precisamente que juntos son «el» mito; la teología política tiene por contenido el culto del estado; la teología natural, finalmente, responde a la pregunta guión o qué son los dioses, «si son con Heráclito, de fuego, o con Pitágoras, de números, o con Epicuro, de átomos; y todavía otras cosas que los oídos pueden soportar más fácilmente dentro de las paredes escolares, que fuera, en la plaza del mercado» [22] . Dios de la fe y Dios de los filósofos, está uno tentado de decirlo también aquí; y también aquí tiene que ver la fe con personas de encuentros vivos y la filosofía con la fórmula apersonal... Esta distinción en el enfrente divino de la teología conduce a una última contraposición que deja finalmente desnudo el meollo propio del problema. La «theologia naturalis» tiene que ver con la «natura deorum», las otras dos teologías con los «divina instituta hominum».
Con lo cual está en último término reducida toda la distinción a la metafísica teológica,. de una parte, y religión cultual, de otra. La teología civil no tiene, al fin y al cabo, ningún Dios, sino solamente «religión»; la teología natural no tiene religión alguna, sino sólo una divinidad [23] . La contraposición entre religión y Dios de los filósofos está llevada aquí, en la situación religiosa y espiritual de la antigüedad descrita por Varro a su seriedad última. La filosofía, no separada aún de la física, pone al descubierto la verdad de lo real y así también la verdad del ser de lo divino. La religión toma su camino independientemente a ella no le va nada en adorar lo que la ciencia descubre como el Dios verdadero; se coloca más bien fuera de la cuestión de la verdad y se subordina solamente a su propia legalidad religiosa. Con esta separación de verdad religiosa y realización religiosa ha puesto Varro, o si se quiere el pensamiento estoico por él representado al descubierto y muy perspicazmente, la problemática propia del politeísmo antiguo, incluso se puede decir el problema fundamental de cualquier religiosidad politeísta. Porque, ¿en qué consiste propiamente la esencia del politeísmo? No está captada con la afirmación de que el politeísmo adora muchos dioses, mientras que el monoteísmo conoce sólo un Dios. Semejante declaración permanece parada en la superficie. En alguna forma, si bien muy oscurecida todavía, los politeísmos, los cuales, a su vez, no pueden medirse todos por el mismo rasero, saben también, por regla general, que el absoluto a fin de cuentas es sólo único. Este saber puede tener configuraciones de muy diverso tipo, se puede expresar en la idea del «deus otiosus» de las religiones primitivas, en la idea de la moira omniimperante como potencia que domina dioses y hombres en la elevada forma del concepto filosófico de Dios de un Platón o un Aristóteles (y no hay que desconocer que, desde el punto de vista de historia de las religiones, el primer motor aristotélico representa una variación clásica del motivo del «deus otiosus»). Las configuraciones son plurales, pero en ninguna parte falta por completo el saber en torno a la unidad del absoluto. El constitutivo decisivo del politeísmo, que le constituye en cuanto tal politeísmo, no es la falta de la idea de unidad, sino la representación de que lo absoluto en sí y como tal no es apelable para el hombre [24] . Por eso ha de resolverse a invocar los reflejos finitos del absoluto, los dioses, que no son precisamente «Dios tampoco para él» [25] . Porque Dios, esto es, el absoluto mismo, no es, para decirlo una vez más, apelable [26] , y la esencia del monoteísmo, como se muestra ahora, consiste precisamente en que se atreve a apelar al absoluto en cuanto absoluto en cuanto Dios, que, al mismo tiempo, es el absoluto en sí y el Dios del hombre. Dicho de otra manera: el riesgo audaz del monoteísmo es apelar al absoluto –el «Dios de los filósofos» y el Dios del hombre–, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, uno con otro. El guión que Agustín ha puesto «entre ontología neoplatónica y conocimiento bíblico de Dios» [27] , es, desde el monoteísmo legítimo, la manera concreta en que para él ha de representarse el guión entre Dios de los filósofos y Dios de la fe, Dios de los hombres. Más aún, con la constatación de que el Dios mudo e inapelable de los filósofos se ha hecho en Jesucristo Dios que habla y que escucha, ha ejecutado la exigencia interior plena de la fe bíblica.
2. El concepto filosófico de Dios y la revelación bíblica de Dios
El alcance extraordinario de semejante constatación ilumina sin más. Porque, si es acertado, significa entonces que la síntesis realizada por los padres de la Iglesia entre la fe bíblica y el espíritu heleno como representante en aquel tiempo del espíritu filosófico en general no sólo era legítima, sino necesaria, para traer a expresión la exigencia plena y la seriedad completa de la fe bíblica. Esta exigencia plena se apoya en que hay ese guión para con el concepto prerreligioso, filosófico de Dios. Esto significa que la verdad filosófica pertenece, en un cierto sentido, constitutivamente a la fe cristiana, y esto indica a su vez que la «analogía entis» es una dimensión necesaria de la realidad cristiana, y tacharla sería suprimir la exigencia propia que ha de Plantear el cristianismo. En vista de tan serias consecuencias, y de tan largo alcance, habría que plantear de nuevo la cuestión de si el guión puesto por los padres de la Iglesia entre Dios de la fe y Dios de los filósofos, cuya justificación y necesidad ha sido ya mostrada desde el problema general del monoteísmo, está también, y en qué medida, especialmente respecto al concepto bíblico de Dios justificado. A lo cual puede responderse primeramente: estaba justificado en cuanto y en la medida en que la fe bíblica en Dios quería y debía ser monoteísmo. Puesto que el monoteísmo está a las duras y a las maduras con la puesta en unidad del absoluto como tal con el Dios vuelto al hombre. Ahora bien, no sólo está fijada fundamental e indudablemente la intención monoteísta de la fe bíblica en Dios, sino que en los escritos bíblicos de después del exilio puede observarse con claridad creciente el intento de hacer comprensible al mundo en torno la esencia que acabamos de describir de la fe monoteísta [28] . El tema de la creación avanza en ellos siempre más y más y desempeña por ejemplo en el Deutero-Isaías un papel dominante. Como ningún otro pensamiento era éste apropiado para interpretar [29] lo especial de la fe bíblica en Dios ante los pueblos del mundo, a los cuales estaba Israel como trasladado en manera por completo nueva. Precisamente en el pensamiento de creación fue capaz el profeta de expresar el hecho de que Israel no adoraba a ninguno de los usuales dioses de los pueblos, a ninguno de los poderes intramundanos de fertilidad, sino al fundamento mismo del mundo. Piénsese en los magníficos versos del capítulo 40 de Isaías: «¿Quién midió las aguas con el hueco de la mano, y a palmos los cielos, y al tercio de efa el polvo de la tierra, pesó en la romana las montañas o en la balanza los collados? ¿Quién ha sondeado al espíritu de Yahvé, quién fue su consejero y le instruyó? ¿Con quién deliberó él para recibir instrucciones y que le enseñase el camino de la justicia? ¿Quién le enseñó la sabiduría y le dio a conocer el camino del entendimiento? Son las naciones como gota de agua en el caldero, como grano de un polvo en la balanza. Las islas pesan lo que el polvillo que se lleva el viento. El Líbano no basta para leña, ni sus animales para el holocausto. Todos los pueblos son delante de él como nada, son ante él nada y vanidad. ¿A quién, pues, compararéis vuestro Dios, qué imagen haréis que se le asemeje?» (Is. 40, 12-18) [30] . Cara a los potentes y orgullosos reinos del mundo, un lenguaje verdaderamente audaz que expresa de modo impresionante lo especial del Dios de Israel: su unicidad, que se funda en que él es el absoluto mismo, que en tanto absoluto se ha vuelto a los hombres [31] . En igual dirección que el concepto de creación apunta la designación de Dios como «Dios del cielo», la cual se encuentra determinante, en primer plano, en los libros de Esra y Daniel. No hay duda de que se trata, por así decirlo, de un concepto misional, cuya función es otra vez hacer por todos lados comprensible a los pueblos la esencia del Dios de Israel. «Dios del cielo» es en la historia de las religiones la designación del Dios supremo, que con frecuencia, en cuanto «deus otiosus», adopta prácticamente la función de un Dios de los filósofos [32] . Si Israel designa a su Dios ante los paganos como el Dios del cielo, quiere decir con ello que no conoce ningún Dios de los pueblos en sentido usual, sino que su Dios es el único señor del mundo –«el absoluto»–, por el que se sabe apelado y al que están en verdad sometidos todos los pueblos [33] . Finalmente, apunta también en la misma dirección la noticia de las propiedades divinas, que podemos tomar de la Biblia. En ella se toca tal vez más cercanamente que nunca la imagen bíblica de Dios con la doctrina de Dios de los filósofos, y por lo mismo ha favorecido como nada la puesta en relación de ambas. Conceptos como eternidad, omnipotencia, unidad, verdad, bondad y santidad de Dios no indican, desde luego, sin más, lo mismo en Biblia y en filosofía, pero no pueden ignorarse aproximaciones considerables. La intención de remitir por encima de todos los poderíos intramundanos al poder originario que mueve el mundo les es común a ambas [34] . Con tales reflexiones se hace claro algo más. El elemento filosófico se suministró al concepto de Dios de la Biblia en la medida en que éste se encontraba forzado a pronunciar lo suyo propio y especial frente al mundo de los pueblos, y en un lenguaje general, esto es, comprensible para el mundo todo, por encima del propio espacio interior. Se hizo necesario en la medida en que, visto negativamente, surgió la indigencia apologética; visto positivamente, la indigencia misionera. Lo filosófico designa, por tanto, ni más ni menos, la dimensión misionera del concepto de Dios, ese momento con el que se hace comprensible hacia fuera. Así es también evidente que la apropiación de lo filosófico fue realizada ampliamente en el momento en que el judaísmo, poco expansivo, quedaba disuelto por una religión expresamente misionera, el cristianismo. La apropiación de la filosofía, tal y como fue ejecutada por los apologetas, no era otra cosa que la necesaria función complementaria interior del proceso externo de la predicación misionera del Evangelio al mundo de los pueblos. Si para el mensaje cristiano es esencial no ser doctrina esotérica secreta para un círculo rigurosamente limitado de iniciados, sino mensaje de Dios a todos, entonces le es también esencial la interpretación hacia afuera, dentro del lenguaje general de la razón humana. La verdadera exigencia de la fe cristiana no puede hacerse visible en su magnitud y en su seriedad, sino por este guión con aquello que el hombre ya de antemano ha captado en alguna forma como lo absoluto [35] .
3. La unidad de relación de filosofía y fe
Por eso, al «sistema parcial de identidad» de Tomás de Aquino le corresponde, sin duda alguna, auténtico derecho: el guión entre Dios de la fe y Dios de los filósofos es, fundamentalmente y en cuanto tal, legítimo [36] . Sin embargo, queda atrás un aguijón que nos fuerza a hacer espacio todavía y, sobre todo, al justificado deseo de Emil Brunner. Porque está claro: si la fe capta el concepto filosófico de Dios y dice: «lo absoluto, del que vosotros sabíais ya por sospechas de alguna manera, es el absoluto que habla en Jesucristo (que es «palabra») y que puede ser apelado», con ello, no se suprime sin más la diferencia de fe y filosofía, y ni mucho menos lo que hasta ahora era filosofía se transforma en fe. La filosofía sigue siendo más bien lo otro y lo propio, a lo que se refiere la fe para expresarse en ella como en lo otro y hacerse comprensible. Y además el concepto de absoluto, si se le desata de su propia existencia filosófica, o más exactamente, de su ser hasta ahora conjunto con el politeísmo y se le encuadra en el campo de relaciones de la fe, tendrá que atravesar necesariamente una purificación y transformación de hondura. Considerémoslo otra vez en el definitivo proceso, que lo es de fundamentación, de la apropiación de la filosofía griega por la fe cristiana. Constatábamos que en el mundo griego del espíritu la teología natural, que alza el concepto filosófico de Dios, no era, desde luego, la única teología que había en general, sino que coexistía con la teología mítica y política, y de tal manera que Dios permanecía para ella esencialmente no religioso, y que por ello pudo conformar el trasfondo metafísico para el politeísmo religioso que dominaba la superficie. Está claro que la fundamental neutralidad religiosa del concepto de Dios tuvo que determinar también, y regulativamente, la idea misma del absoluto, y que el tránsito de la coexistencia negativa con el politeísmo a la coexistencia positiva con la fe monoteísta no podía pasar por él de largo, sin dejar huella. De todas maneras, puede y debe decirse aquí: aunque la apropiación por los apologistas y los padres del concepto de Dios filosófico era sin duda legítimo, más aún, esencialmente necesario, tampoco hay que discutir que esa apropiación no se ha conseguido siempre con crítica suficiente. Las declaraciones filosóficas fueron con frecuencia adoptadas sin el menor reparo y sin someterlas a los necesarios acrisolamiento y transformación críticos [37] . El conocimiento de que Dios es un Dios referido al mundo y al hombre, que opera dentro de la historia, o dicho más hondamente, el conocimiento de que Dios es persona, yo que sale al encuentro del tú, este conocimiento exige un examen en toda la línea de las declaraciones filosóficas, un repensarlas como todavía no se ha ejecutado suficientemente. En esta tarea de una apropiación más profunda del concepto de Dios podrían la teología católica y la protestante, viniendo de diversas partes, encontrarse de una manera nueva. En cualquier caso, el trabajo en tal tarea significará teología en sentido eminente y también una extensión de lo que Ricardo de San Víctor, desde Agustín y desde los salmos, reconocía como la tarea propia de la teología el «quaerite faciem eius semper – buscad siempre su rostro» [38] . Ciertamente, se gane lo que siempre se gane en esos conocimientos nuevos, no se ha de despojar de su fuerza lo que Agustín anota para ese verso del salmo. «Esto es, sin duda, el “buscad siempre su faz”: que el encontrar no depare un fin a ese preguntar que caracteriza el amor, sino que con el amor creciente crezca también el preguntar dentro del amado» [39] . La tarea de la teología queda en este tiempo del mundo necesariamente inconclusa. Es precisamente el preguntar siempre nuevo por la faz de Dios «hasta que El venga» y sea El mismo respuesta a toda pregunta.
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[1] La edición electrónica de este relevante documento excluye cualquier finalidad lucrativa.y se realiza con motivos exclusivamente educativos.
[2] Taurus Ediciones prepara la publicación, para una fecha próxima, de un libro de JOSEPH RATZINGER, cuyo título castellano será La fraternidad cristiana (N. del E.).
[3] R. GUARDINI, Christliches Bewußtsein. Versuche über Pascal. Munich, 1950, 2ª ed., Págs. 46.
[4] Sobre el careo soterrado con Descartes, que está a la base de la distinción de «esprit de géometrie» y «esprit de finesse» llama la atención especialmente M. LAROS en su traducción de los Pensées, Munich-Kempten, 1913, p. 1, n. 2. Sobre la concepción de Pascal del camino del conocimiento religioso, cfr. GUARDIN1, OP. Cit. 165-246, y la exposición resumen en H. MEYER, Geschichte der abendländischen Weltanschauung, IV, Paderborn, 1950. p. 130-142; allí mismo más bibliografía.y 55 (hay edición castellana).
[5] Respecto a este desarrollo, G. SÖHNGEN, «Die Neubegründung der Metaphysik und die Gotteserkenntnis», en Probleme der Gotteserkenntnis, publicación de la Academia Albertus Magnus, II, 3, Münster, 1928, páginas 1-55. W PANENBERG, art. «Gott». V (Históricoteológico), RGG II, 3 ed., 1729 ss. A la importante influencia que A. RITSCHL y H. CREMER han ejercido en este asunto, alude W. PANNENBERG «Die Aufnahme des philosophischen Gottesbegriffs als dogmatisches Problem der frühchristlichen Theologie», en Z K G. 70 (1959), 1-41.
[6] Así determina SCHELER la relación recíproca en «Vom Ewigen im Menschen», Leipzig, 1921, p. 339, cfr. H. FRIES, Die katholische Religionsphilosophie der Gegenwart, Heidelberg, 1949, p. 72.
[7] Breve y clásicamente está reducida la posición de Tomás de Aquino a este respecto en S. Theol, q. 1, a. 1, en donde la teología filosófica queda enfrentada en cuanto teología del «lumen naturalis rationis» a la «doctrina per revelationem»; mientras que la primera es una teología de los «pauci» y está mezclada con errores, es la última accesible a todos, zanja los errores y añade nuevos conocimientos. El derecho fundamental de la teología filosófica permanece intocado. Cfr. los textos que citamos en la n. 8.
[8] Vom Ewigen im Menschen, 323 ss.; H. FRIES, op. cit., 61 ss.
[9] S. Theol, q. 2, a. 2, ad 1, dice Tomás a la objeción de que la existencia de Dios es una proposición de fe y por eso no probable: « ... dicendum quod Deum esse et alia huiusmodi quae per rationem naturalem nota possunt esse de Deo... non sunt articuli fidei, sed praeambula ad articulos: sic enim fides praesupponit cognitionem naturalem, sicut gratia naturam et perfectio perfectibile. Nihil tamen prohibet, illud quod se cundum se demonstrabile est et seibile, ab aliquo accipi ut credibile, qui demostrationem non capit». Cfr. S. c. g., I, c. 7.
[10] E.BRUNNER, Die christliche Lehre von Gott (Dogmatik I), Zürich, 1953, 2ª ed., 121-140. Bibliografía relacionada con ésta, PANNENBERG, Die Aufnahme... Además, J. P. STEFFES, Glaubensbegründung I, Mainz, 1958, p. 32. La siguiente exposición se limita conscientemente a la posición especialmente característica de BRUNNER, que aquí y allá aclaramos más aún con pensamientos propios.
[11] BRUNNER, Op. Cit., 132 s.
[12] Op. cit., 125.[13] Op. cit., 135.
[14] Op. cit., 136.
[15] Op. cit., 130.
[16] Op. cit., 131. Además, la obra de BRUNNER: Wahrheit als Begegnung. Sechs Vorlesungen über das christliche Wahrheitsverstädndnis, Zürich, 1938. Las tesis nuevas de esta obra, cuyo punto fundamental de partida determina también la doctrina de Dios de la Dogmática, se entienden en conexión con la obra de FERDINAND EBNER. Cfr. las advertencias de BRUNNER a este respecto en Für Ferdinand Ebner, Regensburg, 1935. p. 12-15.
[17] Sobre la problemática de la «analogia entis», que ha ocupado penetrantemente tanto a KARL BARTH como a EMIL BRUNNER, hay que considerar sobre todo últimamente G. SÖHNGEN, Die Einheit in der Theologie, Munich, 1952, p. 235-264. H. U. Von BALTHASAR, KARL BARTH, Colonia, 1951. E. PRZYWARA, art. «Analogía entis und analogia fidei», L Th K I, 2ª ed.. , 470-476.
[18] Para captar concretamente el concepto griego de Dios enfrente del cristiano es fundamental W. PANNENBERG, Die Aufnahme... Aquí ha de resaltarse, además y sobre todo, la relación del concepto filosófico de Dios de los griegos para con su mundo religioso.
[19] Cfr. J. BILZ, art. «Theologie», L Th K X, 65 ss., sobre la expresión «teología», P. BATIFFOL, «Theologie», en Eph. theol. Lov. 5 (1928), 205-220; J. STIGLMAYR, «Mannigfache Bedeutung von "Theologie" und "Theologen"», en Theol. u. Glaube II (1919), 296-309.
[20] Con Varro tiene un careo penetrante Tertuliano, Ad nationes, II, 1-8, así como Agustín, De civitate Dei, VI, 5 ss. Cfr. para lo que sigue J. RATZINGER, Volk und Haus Gottes in Augustinus Lehre von der Kirche, Munich, 1954, p. 256-276.
[21] «De civitate Dei», VI, 5, C. Chr 47, p. 171; IV 32, p. 126.
[22] VI, 5, p. 171.
[23] RATZINGER, op. cit., 270.
[24] Esta contraposición propia del monoteísmo y del politeísmo está certeramente elaborada, sobre todo, por J. A. CUTTAT, Begegnung der Religionen, Einsiedeln, 1956, p. 20 ss. En lugar del enfrentamiento de CUTTAT, de fácil mala interpretación, de concepto «personal» y «no personal» de Dios, prefiero hablar de «apelabilidad» de Dios o de su falta, ya que, desde un punto de vista de filosofía de la religión, sólo la apelabilidad de Dios constituye su personalidad. El primer motor de Aristóteles lleva consigo, desde luego, distintivos esenciales del concepto metafísico de persona (¡conciencia de sí mismo!), pero no puede ser designado en filosofía de la religión como «persona», precisamente porque le falta la capacidad de oír frente a los hombres y, por tanto, la apelabilidad. Sobre la idea de unidad que permanece en el trasfondo también del politeísmo, cfr. A. BRUNNER, Die Religion, Friburgo en Br., 1956, página 177 ss., p. 86.
[25] Esto está especialmente claro en el budismo original y en las formas más importantes del hinduísmo; cfr. H. VON GLASENAPP, «Die nichtchristlichen Religionen», Fischer Lexikon, vol. I, 1957, p. 76 ss. y 156 ss. No menos claro está, en el neoplatonismo, la apología filosófica del politeísmo en la antigüedad postrema. Cfr. la exposición en E. ZELLER, Philosophie der Griechen, III, 2, 1903, 4ª ed.
[26] Sólo así es comprensible el peculiar estado de cosas, que por ejemplo Platón y Aristóteles, a pesar de su monoteísmo filosófico, permanezcan politeístas religiosos. Sobre esto E. GILSON, L"Esprit de la Philosophie médievale, W. PANNENBERG, op. cit., 7.[
27] BRUNNER, op. Cit., 136.
[28] Para lo que sigue, E. WÜRTHWEIN, art. «Gott» II, RGG, II, 3ª ed., 1705-1713; A. DEISSLER, «Gott», en Bibeltheol. Wörterbuch, de J. B. BAUER, Graz, 1959, p. 352-368.
[29] El autor emplea el término «dolmetschen«, esto es, interpretar casi como oficio; «die Dolmetscher Schule», la escuela de intérpretes (N. de T.).
[30] El texto bíblico catsellano según Nácar-Colunga. 5ª ed., Madrid, 1953.
[31] Cfr. DEISSLER, Op. cit., 356 ss.
[32] A. BRUNNER, op. cit., 67 ss., 155; HENRI DE LUBAC, L"origine de la religion; G. VAN DER LEEUW, Phänomenologie der Religion, Tubinga, 1956, 2ª ed., p. 182 ss.
[33] Cfr. W. EICHRODT, Theologie des Alten Testaments, I, 2ª ed., Leipzig, 1939, p. 113.
[34] Cfr. W. PANNENBERG, Op. cit., con una cuidadosa ponderación de las diferencias y relaciones recíprocas.
[35] Esto está dicho objetiva y explícitamente por W. PANNENBERG, Op. cit., 45, que indica cómo el abandono del elemento metafísico en el concepto de Dios significaría a la vez el abandono de la exigencia universal de la fe cristiana. Cfr. también, p. 13.
[36] La crítica de SCHELER del «sistema parcial de identidad», de Tomás de Aquino, sigue siendo justificada, en cuanto que la relación esencial de fe y filosofía no puede ser agudizada en el sentido de una identidad de «religio naturalis» y «theologia naturalis», sino que a fin de cuentas hay sólo una unidad de relación. Por lo cual se puede aprobar el concepto de «sistema de conformidad», que, no obstante la verdadera intención del Aquinate, queda más cerca que lo que SCHELER mismo acepta, Cfr. A. LANG, Wesen und Wahrheit der Religion, Munich, 1957, p. 88 ss.
[37] Sobre esto detalladamente W. PANNENBERG, op. cit. Allí también importantes puntos de partida para una nueva apropiación crítica del concepto filosófico de Dios. Un intento modesto en la misma dirección emprendí yo también en mi artículo «Ewigkeit» en LThK III, 2ª ed., 1268 ss.
[38] De trin., III, 1: Pl 196, 916: «Quid si non detur pervenire, quo tendo? Quid si currendo deficio? Gaudebo tamen inquirendo faciem domini mei semper proviribus cucurisse, laborasse, desudasse ...». Cfr. M. GRABMANN, Die Geschichte der scholastischen Methode, II, 1956 (nueva impresión), p. 313 ss.
[39] En. in ps., 104, 3 CChr 40, p. 1537.

AUDIÊNCIAS GERAIS: TEOLOGIA DO CORPO DE JOÃO PAULO II

129 Catequesis del Santo Padre, Juan Pablo II
"LA REDENCIÓN DEL CUERPO Y LA SACRAMENTALIDAD DEL MATRIMONIO".
JUAN PABLO II El amor humano en el plan divino I PARTE: Al Principio II PARTE: La purificación del corazón III PARTE: La resurrección de la carne IV PARTE: La virginidad cristiana V PARTE: El sacramento del matrimonio VI PARTE: Amor y fecundidad Puede (descargar todas las catequesis) Fonte: http://www.mscperu.org/matrimofam/1matrimonio/129CateqJPII/amor.htm OBS.: Vc também pode ler (em português) estas mesmas audiências (que começam no dia 5 de Setembro de 1979) através do Site Vatican.va. Aproveite-as bem!

P-U-R-E-Z-A-: JÁ ESCUTOU FALAR?

Por Julie Maria
PARTE II
Eu e você queremos ser amados. Jamais usados. Para isso, eu e você precisamos olhar o outro como ele é: uma p-e-s-s-o-a. Uma unidade inseparável de corpo e alma. Como conseguimos isso? Sendo puros! Mas, falar de pureza hoje é dificilíssimo e por uma razão bem simples: as palavras no nosso vocabulário não significam a realidade que lhe corresponde e por isso precisamos explicar primeiro do que estamos falando. Vou dar um exemplo: o que vem na sua mente quando você escuta a palavra “modéstia”?... E o que vem na sua mente quando você escuta a palavra “atrativa”?... Por acaso você relacionou a palavra “modéstia” à idéia de breguice, feiúra ou vulgaridade e a palavra “atrativa” à idéia de “fineza, beleza e elegância?” Bingo! Você está dopada(o) pela anti-cultura que nos rodeia. Desculpe-me pela palavra dopada(o), mas quem não reconhece estar dopada(o) espiritualmente, também não reconhece necessitar de uma nova medicina espiritual, isto é, uma nova visão do corpo e da sexualidade! Esta nova visão é simplesmente a visão original, a visão que foi planejada desde sempre pelo Criador e que tanto o homem como a mulher receberam ao serem criados, dando-lhes a capacidade de estarem nus e não sentir vergonha (Gn. 2, 25). O perigo é fazer uma pobre interpretação deste versículo. A Palavra de Deus é infinitamente rica e por isso peço que você leia com toda a atenção o parágrafo abaixo no qual o Papa João Paulo o explica (nas suas catequeses a explicação é bem mais profunda, aqui coloco a versão resumidíssima). “Nudez significa a bondade original da visão divina. Significa toda a simplicidade e plenitude da visão através da qual se manifesta o valor puro do homem como varão e mulher, o valor puro do corpo e do sexo.” Porque puro? Porque a “revelação original do corpo (contida em Gn 2, 25) não conhece ruptura interior nem contraposição entre o que é espiritual e o que é sensível, assim como não conhece ruptura nem contraposição entre o que humanamente constitui a pessoa e o que no homem é determinado pelo sexo: o que é masculino e o que é feminino”. (Audiência de João Paulo II, 2 de janeiro de 1980) A pureza então é olhar como Deus olha: Ele olhou tudo o que fez e viu que tudo “era muito bom” (Gn 1, 31). Por isso, pureza e bondade no plano original de Deus são sinônimos. A pureza do coração é condição para sair da visão reducionista do corpo e da sexualidade e reconhecer que o “corpo humano nu – em toda a verdade da sua masculinidade e feminilidade- tem o significado do dom de uma pessoa para outra pessoa”. Justamente porque sofremos tantas deformações no nosso “olhar” (que reflete nosso interior!) é que velamos aquilo que no nosso corpo pode ser olhado como objeto de apropriação e possessão! Não “cobrimos” nossos corpos porque seja feio ou vergonhoso, mas justamente para proteger-nos de sermos tratados como objetos! Daí que a “vergonha” relatada no Livro de Genesis, após a caída do homem e da mulher, tem o significado de proteção por algo que o primeiro casal, mesmo após o pecado, reconhecem ainda como valioso: o seu corpo tem um significado esponsal, nele está impresso a chamado a sermos um dom sincero ao outro! Por isso Karol Wojtyla afirma categoricamente: “só a mulher e o homem castos são capazes de amar verdadeiramente” (Amor e Responsabilidade, pg. 152). A pessoa que não é - e não busca ser – casta, sempre cairá na tentação (que todos nós sentimos após o pecado original) de “usar” a pessoa, e uma das maneiras mais comuns de “usar” a pessoa é separar o seu corpo da totalidade do seu ser. Ainda impera a infeliz e equivocada idéia que a castidade conduz ao “desprezo e à desvalorização da vida sexual”! Mais ainda: dizem que a castidade faz mal! Simples e profunda é a explicação dada por K. Wojtyla: a castidade é uma virtude elevada, ergo, implica esforço. Mas com a minha vontade fraca eu não a alcanço, então... pelo menos para livrar-me do esforço, eu a desprezo subjetivamente (ele continua tendo o alto valor, mas eu finjo que não tem)! Resultado: criou-se a falsa argumentação que ela é nociva para o ser humano. Com trágicas conseqüências, pois “lhe foi recusado o direito de cidadania na alma humana”! (Cf. Amor e Responsabilidade, pg. 125) Como solucionar? Seguindo o conselho se alguém que viveu a mesma era que você e eu, e hoje já é santo: “O “milagre” da pureza tem como pontos de apoio a oração e a mortificação.” (St. Escrivá). E agora, qual a desculpa que vamos arranjar para não sermos puros? Ave Maria puríssima, ora pro nobis!

O HOMEM-PESSOA TORNA-SE DOM NA LIBERDADE DO AMOR

1. Continuamos hoje a análise dos textos do Livro do Génesis, a que nos aplicámos segundo a linha do ensinamento de Cristo. Recordemo-nos que, na conversa sobre o matrimónio, Ele apelou para o «princípio». A revelação, e ao mesmo tempo a descoberta original do significado «esponsal» do corpo, consistem em apresentar o ser humano, homem e mulher, em toda a realidade e verdade do seu corpo e sexo («estavam nus») e ao mesmo tempo na plena liberdade de qualquer constrição do corpo e do sexo. Disto parece dar testemunho a nudez dos que foram nossos primeiros pais, interiormente livres de vergonha. Pode-se dizer que, embora criados pelo Amor, isto é, dotados no próprio ser de masculinidade e feminilidade, ambos estão «nus» porque estão livres com a liberdade mesma do dom. Esta liberdade está precisamente na base do significado esponsal do corpo. O corpo humano, com o seu sexo, e a sua masculinidade e feminilidade, visto no mistério mesmo da criação, é não só fonte de fecundidade e de procriação, como em toda a ordem natural, mas encerra desde «o princípio» o atributo «esponsal», isto é, a capacidade de exprimir o amor: exactamente aquele amor em que o homem-pessoa se torna dom e — mediante este dom — pratica o sentido mesmo do seu ser e existir. Recordamos agora o texto do último Concílio, onde se declara que o homem é a única criatura no mundo visível que Deus quis «por si mesma», acrescentando que este homem «não se pode encontrar plenamente a não ser no sincero dom de si mesmo»(1). 2. A raiz da nudez original isenta de vergonha, da qual nos fala Génesis 2, 25, deve-se procurar precisamente naquela verdade completa sobre o homem. Homem e mulher, no contexto do seu «princípio» beatificante, estão livres com a mesma liberdade do dom. De facto, para poderem manter-se na relação do «dom sincero de si» e para se tornarem um tal dom um para o outro, através de toda a sua humanidade feita de feminilidade e masculinidade (também em relação com aquela perspectiva de que fala Génesis 2, 24), eles devem estar livres precisamente desta maneira. Entendemos aqui a liberdade sobretudo como domínio de si mesmos (autodomínio). Sob este aspecto, ela é indispensável para que o homem possa «dar a sua pessoa», para poder tornar-se dom, para (referindo-nos às palavras do Concílio) poder «encontrar-se plenamente» por meio de um «dom sincero de si». Assim, as palavras «estavam ambos nus mas não sentiam vergonha» podem e devem entender-se como revelação - e ao mesmo tempo descoberta — da liberdade, que torna possível e qualifica o sentido «esponsal» do corpo. 3. Génesis 2, 25 diz porém mais ainda. De facto, esta passagem indica a possibilidade e qualifica tal recíproca «experiência do corpo». E, além disso, permite-nos identificar aquele significado esponsal do corpo in actu. Quando lemos que «estavam nus mas não sentiam vergonha», tocamos indirectamente como que a raiz, e directamente já os frutos. Isentos interiormente da constrição do próprio corpo e sexo, livres na liberdade do dom, homem e mulher podiam gozar de toda a verdade, de toda a evidência humana, assim como Deus Javé lhas tinha revelado no mistério da criação. Esta verdade sobre o homem, que o texto conciliar explica com as palavras supracitadas, insiste sobretudo em duas coisas. Primeiro, afirma que o homem é a única criatura no mundo que o Criador quis «por Si mesma»; e, em segundo lugar, diz que este mesmo homem, querido desse modo pelo Criador desde o «princípio», pode encontrar-se a si mesmo só através de um dom desinteressado de si. Ora, esta verdade a respeito do homem, que em particular parece surpreender a condição original ligada ao «princípio» mesmo do homem no mistério da criação, pode ser relida — com base no texto conciliar — em ambas as direcções. Essa nova leitura ajuda-nos a compreender ainda melhor o significado esponsal do corpo, que aparece inscrito na condição original do homem e da mulher (segundo Génesis 2, 23-25) e em particular no significado da nudez original de ambos. Se, como verificámos, na raiz da nudez está a liberdade interior do dom — dom desinteressado de si mesmos —, exactamente tal dom permite a ambos, homem e mulher, encontrarem-se reciprocamente, pois o Criador quis cada um deles «por Si mesmo» (Cfr. Gaudium et Spes, 24). Assim o homem, no primeiro encontro beatificante, encontra a mulher e ela encontra-o a ele. Deste modo ele acolhe-a interiormente; acolhe-a tal como ela é querida «por Si mesma» pelo Criador, como é constituída no mistério da imagem de Deus por meio da sua feminilidade; e, reciprocamente, ela acolhe-o a ele do mesmo modo, como ele é querido «por Si mesmo» pelo Criador e por Ele constituído mediante a sua masculinidade. Nisto consiste a revelação e a descoberta do significado «esponsal» do corpo. A narrativa javista, e em particular Génesis 2, 25, permite-nos deduzir que o homem e a mulher entram no mundo exactamente com esta consciência do significado do próprio corpo, da sua masculinidade e feminilidade. 4. O corpo humano orientado interiormente pelo «dom sincero» da pessoa, revela não só a sua masculinidade e feminilidade no plano físico, mas revela também tal valor e tal beleza que ultrapassam a dimensão simplesmente física da «sexualidade» (2). Deste modo completa-se em certo sentido a consciência do significado esponsal do corpo, ligado à masculinidade-feminilidade do homem. Por um lado, este significado indica especial capacidade de exprimir o amor, em que o homem se torna dom; e, por outro, corresponde-lhe a capacidade e a profunda disponibilidade para a «afirmação da pessoa», isto é, literalmente, a capacidade de viver o facto de o outro.— a mulher para o homem e o homem para a mulher — ser, por meio do corpo, alguém querido pelo Criador «por si mesmo», isto é, único e irrepetível: alguém escolhido pelo eterno Amor. A «afirmação da pessoa» não é senão acolhimento do dom, que, mediante a reciprocidade, cria a comunhão das pessoas; esta constrói-se a partir de dentro, compreendendo também toda a «exterioridade» do homem, quer dizer, tudo aquilo que forma a nudez pura e simples do corpo na sua masculinidade e feminilidade. Então — como lemos em Génesis 2, 25 — o homem e a mulher não sentem vergonha. A expressão bíblica «não sentiam» indica directamente «a experiência» como dimensão subjectiva. 5. Exactamente em tal dimensão subjectiva, como dois «eus» humanos determinados pela sua masculinidade e feminilidade, aparecem ambos, homem e mulher, no mistério do seu beatificante «princípio». (Encontramo-nos no estado da inocência original e, ao mesmo tempo, da felicidade original do homem). Este aparecer é breve, e é expresso somente por alguns versículos do Livro do Génesis; todavia está cheio de surpreendente conteúdo teológico e ao mesmo tempo antropológico. A revelação e a descoberta do significado esponsal do corpo explicam a felicidade original do homem e, ao mesmo tempo, abrem a perspectiva da sua história terrena, em que ele não se há-de subtrair nunca a este indispensável «tema» da própria existência. Os versículos seguintes do Livro do Génesis, segundo o texto javista do capítulo 3.°, demonstram, para dizer a verdade, que esta perspectiva «histórica» (depois do pecado original), se construirá de modo diverso do que era no «princípio», beatificante. Tanto mais profundamente é por isso necessário penetrar na estrutura misteriosa, teológica e ao mesmo tempo antropológica, de tal «princípio». De facto, em toda a perspectiva da própria «história», o homem não deixará de conferir significado esponsal ao próprio corpo. Embora este significado sofra e venha a sofrer muitas deformações, manter-se-á sempre o nível mais profundo, que exige ser sempre revelado em toda a sua simplicidade e pureza, e manifestar-se em toda a sua verdade, como sinal da «imagem de Deus». Por aqui passa também o caminho que leva do mistério da criação à «redenção do corpo» (Cfr. Rom. 8). Permanecendo, por agora, no limiar desta perspectiva histórica, damo-nos claramente conta, baseados em Génesis 2, 23-25, do mesmo laço que existe entre a revelação e a descoberta do significado esponsal do corpo e a felicidade original do homem. Esse significado «esponsal» é também beatificante e, como tal, manifesta definitivamente toda a realidade daquela doação, de que nos falam as primeiras páginas do Livro do Génesis. A leitura delas convence-nos de a consciência do significado do corpo que dela deriva — em particular do seu significado «esponsal» — constituir o elemento fundamental da existência humana no mundo. Este significado «esponsal» do corpo humano só se pode compreender no contexto da pessoa. O corpo tem significado «esponsal» porque o homem-pessoa, como diz o Concílio, é criatura que Deus quis por si mesma, a qual, ao mesmo tempo, não pode encontrar-se plenamente senão mediante o dom de si mesma. Se Cristo revelou ao homem e à mulher, acima da vocação do matrimónio, outra vocação — a de renunciar ao matrimónio em vista do Reino dos Céus — com esta vocação pôs em relevo a mesma verdade sobre a pessoa humana. Se um homem ou uma mulher é capaz de fazer dom de si pelo Reino dos Céus, isto prova por sua vez (e porventura até mais ainda) que há a liberdade do dom do corpo humano. Quer dizer que este corpo possui pleno significado «esponsal».

FÉ Y RAZÓN EN RATZINGER-BENEDICTO XVI

Giacomo Samek Ludovico
Entre fe y razón no hay hostilidad, sino una sinergia fecunda y fructífera. La síntesis entre filosofía y religión es uno de los momentos más importantes de la entera historia humana.
Una síntesis del pensamiento del Pontífice reinante.
Joseph Ratzinger - Benedicto XVI ha expresado su concepción de la relación entre fe y razón en diversas intervenciones a lo largo de cincuenta años. Buscaré hacer un recuento sintético.
Dimensiones de Dios
El cristianismo se ha detenido especialmente en dos dimensiones de Dios:
1) Dios es Amor ( 1 Jn 4, 8; cfr. La encíclica Deus Charitas est);
2) Dios es Razón: "En el principio era la Palabra, la Palabra estaba con Dios, la Palabra era Dios" (Jn 1, 1).
De esto se sigue la inédita valoración cristiana de la razón humana. Obviamente el tema del amor es fundamental en el cristianismo, por su visión de la vida y de la relación con Dios; pero de esto nos ocuparemos sólo accidentalmente; más bien nos concentraremos en la relación entre la fe y la razón que es también central.
Valorización cristiana de la razón
La valorización cristiana de la razón ha sido verdaderamente innovadora por que las demás religiones enfatizaban sólo el sentido del misterio y aspiraban a un conocimiento no racional, sino más bien recibida por la iluminación divina y la intuición.
Para el cristianismo la razón tiene un valor extraordinario por que:
1) es una imagen en el hombre de la razón divina;
2) además, la revelación judeo-cristiana introduce la doctrina de la creación: todo lo que existe ha sido creado por Dios y por eso es bueno, por lo que la razón es un gran don de Dios;
3) por que tenemos el deber de hacer fructificar todos los dones que hemos recibido (cfr. la parábola de los talentos).
Cognoscibilidad de Dios
También dice Ratzinger - Benedicto XVI que Dios es diverso del mundo, pero se expresa en el mundo (como un pintor se expresa en el cuadro) y el mundo nos reenvía a Dios (como el cuadro nos reenvía al pintor), por lo que la razón puede llevar a Dios indagando sobre el mundo.
El hombre como imagen divina
Además existe una semejanza entre Dios y el hombre, por lo que estudiando a Dios se puede comprender como debe ser y vivir el hombre. Y visto que el hombre es imagen de Dios, que es Razón y Amor, el hombre debe conciliar en su vida la razón y el amor; no necesita separarlos.
"No es necesario separar el amor de la razón" significa:
1) El amor debe ser razonable, guiado por la razón, por lo que implica:
a) El rechazo al emotivismo, es decir, al amor reducido a sentimiento (pese a que es importante en la vida), al "vas donde te lleva el corazón".
b) El rechazo de las formas de falso amor (eutanasia, aborto)
2)La fe culmina en una relación de amor, pero inicialmente es propiciada por la razón, lo que comporta:
a) El rechazo a la guerra santa que es imposición de la fe con violencia; en cambio es necesario transmitir la fe mediante el uso de la razón y apelando a la libertad del interlocutor.
b) La crítica al fideísmo, es decir, al divorcio de la fe de la razón.
c) La crítica al racionalismo e al cientificismo, es decir, al divorcio de la razón de la fe.
De hecho, a partir del tardo medioevo comenzó el divorcio de la fe de la razón, y en la modernidad se ha producido un divorcio de la fe razón de la fe, con una autolimitación de la razón que ha restringido la propia capacidad de descubrir la verdad al ámbito de lo que es sensible.
El fideísmo, dice que la razón no puede decir nada sobre Dios y sobre los contenidos de la fe; es más, la razón es dañina.
Pero si la religión no es racional no puede ni ser expuesta mediante dogmas, por que el dogma es una sistematización racional de los contenidos de la fe.
En cambio, como decía Santo Tomás, para Ratzinger - Benedicto XVI, la filosofía que se ocupa de Dios es, tras la teología, "la más alta posibilidad del espíritu humano" (todas las citas entrecomilladas de este artículo han sido extraídas de textos de Ratzinger - Benedicto XVI citados en la bibliografía)
Contribuciones de la razón a la fe
El Dios de la filosofía no es incompatible con el de la fe, es más, la razón puede ayudar a ejercitar el acto de fe de dos maneras:
1) Puede demostrar que Dios existe;
2) puede demostrar algunos aspectos del Dios de la fe: Dios como Ser, Eterno, Omnipotente, Suma Verdad, Suma Bondad.
Es cierto que la fe puede profundizar nuestro conocimiento filosófico de Dios. Es cierto que el Dios de los filósofos es un Dios al que no se reza y con el que no existe una relación de comunión interpersonal. Pero el Dios de los filósofos es igualmente un tesoro, por lo que es insensato dejar de lado la reflexión filosófica sobre Dios: es como renunciar a un tesoro sólo por que es más pequeño que el otro.
El cientificismo dice que Dios, el alma y las grandes preguntas se convierten en temas irracionales. El racionalismo dice que existe sólo aquello que es racionalmente cognoscible. Pero esto es un error de la razón, es el error de una razón presuntuosa que olvida que es finita, que no puede conocer todo. Y que, de hecho, disminuye: "si el hombre no puede interrogarse más sobre las realidades esenciales de su vida, sobre su origen y su fin, sobre su deber moral y sobre lo que le es lícito, sobre la vida y la muerte, sino que debe reenviar estos problemas decisivos a un sentimiento separado de la razón, entonces no la eleva, sino que la priva de su honor".
El divorcio entre fe y razón es dañino para ambas.
El daño sufrido por la fe
En cuanto al daño que sufre la fe: la fe pierde las contribuciones de la razón de las hemos hablado anteriormente, se convierte en un hecho privado incomunicable y tiene el riesgo de extinguirse, como les sucedió a las religiones arcaicas. "La religión antigua, de hecho, se derrumbó por la fractura entre el Dios de la fe y el Dios de los filósofos, por la total diástasis (incompatibilidad) entre fe y devoción. [...] La religión cristiana no debería haber esperado otro tipo de suerte si hubiera aceptado una separación similar de la razón".
El daño sufrido por la razón
En cuanto al daño que ha sufrido la razón: la razón pierde las inestimables aportaciones de la fe. La razón, que en la filosofía moderna se concibe como autónoma, "que no quiere saber nada de la fe, no puede tener éxito. La razón humana, de hecho, no es para nada autónoma. Ella vive en particulares contextos históricos. Estos le ofuscan la vista [...]; por ello, la razón también debe ser socorrida [...] para superar las barreras que le provienen de la historia", es decir, las desviaciones de la verdad determinadas por la influencia de la cultura de cada época. Así la fe puede ofrecer "una curación a la razón", de manera que esta última "pueda ver de nuevo por sí misma".
Contribuciones de la fe a la razón
La fe ofrece una gran aportación a la razón:
1) la fe valoriza la razón, como hemos visto desde el inicio:
2) anticipa temas que la razón puede conseguir por sí misma (por ejemplo, los temas de la creación y de la gratuidad del amor, que la filosofía no había tratado anteriormente);
3) es un brújula que permite orientarse a la razón cuando la razón se ha equivocado o corre el riesgo de equivocarse:
4) va más allá de las posibilidades de la razón (hablando, por ejemplo, de la Encarnación y de la Trinidad)
Cientificismo y dictadura del relativismo
Si no es posible responder a las grandes preguntas, el bien y el mal se convierten en una elección subjetiva y arbitraria; así el cientificismo lleva al relativismo y a su amor dictadura (cfr. Il Timone, n. 4646, pp. 32-33).
Y la dictadura del relativismo se convierte la dictadura del deseo: no es el hombre el que se adecue a la realidad, sino que es la realidad la que debe adecuársela hombre, a temer que conformarse a sus quereres y deseos.
Circularidad fecunda fe y razón
Por todas las razones dichas antes, para Ratzinger - Benedicto XVI es necesario insistir sobre el "movimiento circular entre teología y filosofía"."Por ese camino, por un lado la fe se hace más profunda y pura, y por el otro también el pensamiento se enriquece, porque se le abren nuevos horizontes" Y el "acercamiento interior entre ambos que se ha tenido entre la fe bíblica y el interrogarse sobre el plano filosófico del pensamiento griego, es un dato de importancia decisiva no sólo desde el punto de vista de la historia de las religiones, pero también del de la historia universal".

EXISTE VINCULO ESTREITO ENTRE ASTRONOMIA E RELIGIÃO

Por Carmen Elena Villa CIDADE DO VATICANO, sexta-feira, 30 de janeiro de 2009 (ZENIT.org).- «O ano da astronomia representa hoje para a Santa Sé uma importante ocasião de aprofundamento e de diálogo», afirma a Santa Sé em um comunicado emitido nesta manhã. O comunicado foi divulgado por ocasião da apresentação do Congresso Internacional «O caso de Galileu, uma releitura histórica, filosófica e teológica», que será realizado em Florença de 26 a 30 de maio próximos, e de cuja organização faz parte o Conselho Pontifício para a Cultura. A Organização das Nações Unidas proclamou 2009 como o Ano da Astronomia, para comemorar os 400 anos das primeiras descobertas astronômicas de Galileu Galilei. A nota de imprensa ressalta que «existe um estreito vínculo entre a contemplação do céu estrelado e as religiões», devido a que «em quase todas as culturas e civilizações, a observação do céu está impregnada de um sentido profundamente religioso». «Também a Bíblia conserva as pistas desta sabedoria antiga, que sublinha a força criativa de Deus desde as primeiras páginas do Gênesis até a adoração dos Magos, passando pela aventura pessoal de Abraão, que via nas estrelas do céu a garantia segura da promessa divina», diz o comunicado. O caso Galileu Galileu foi o primeiro homem em apontar o telescópio para o céu. Desta maneira, ampliou «os limites do conhecimento humano, obrigando-nos a ler o livro da natureza sob uma nova luz», diz a nota de imprensa. «No começo se pensava que a lua era uma estrela brilhante. Pensava-se que era um dos planetas junto ao sol. Quando Galileu apontou o telescópio para a lua, viu uma coisa inaudita, nunca antes vista. Ele percebeu que na lua há alguns pontos luminosos e disse: ‘A lua não é este corpo perfeito: tem montanhas, é outra terra’», assegurou durante a coletiva de imprensa Paolo Rossi, professor emérito de História da Ciência da Universidade de Florença, que será um dos palestrantes do congresso que acontecerá em maio. Por sua parte, Dom Gianfranco Ravasi, presidente do Conselho Pontifício para a Cultura, falou do caminho de reflexão que a Igreja fez com o caso específico de Galileu. Referiu-se ao Concílio Vaticano II, em cuja constituição Gaudium et spes diz que «são, a este respeito, de deplorar certas atitudes que, por não compreender bem o sentido da legítima autonomia da ciência, ocorreram algumas vezes entre os próprios cristãos; atitudes que, seguidas de fortes polêmicas, induziram muitos a estabelecer uma oposição entre a ciência e a fé». Dom Ravasi disse que o juízo de Galileu, «por um lado deve levar-nos sempre à autocrítica do passado, como a que fez João Paulo II», referindo-se ao Dia do Perdão realizado por João Paulo II durante o primeiro domingo da Quaresma do ano 2000. Não obstante, o prelado assegurou que não se pode «ficar no tribunal da história, é necessário abrir-se ao futuro. Abrir-se ao diálogo recíproco, conscientes de que tampouco a filosofia esgota as respostas». Em 1616, Galileu foi processado por sustentar a teoria heliocêntrica, que desconcertava não só os crentes, mas a sociedade em geral, que durante séculos havia crescido em um sistema de rotação solar e planetário diferente. Sua teoria parecia contradizer os textos da Bíblia que falam de maneira metafórica da rotação dos astros e da quietude da terra. Contudo, são muitas as lendas negras que surgiram a partir deste fato. Galileu não foi preso nem torturado e tampouco foi assassinado. Morreu de morte natural em 1642, em sua casa, uma vila em Arcetri, nos arredores de Florença. Sobre estes temas se aprofundará no Congresso que acontecerá no mês de maio.

SANTA SÉ ORGANIZA CONGRESSO INTERNACIONAL SOBRE GALILEU GALILEI

Por Carmen Elena Villa CIDADE DO VATICANO, quinta-feira, 29 de janeiro de 2009 (ZENIT.org).- Hoje se apresentou na Sala de Imprensa da Santa Sé o congresso internacional de estudos «O Caso de Galileu. Uma releitura histórica, filosófica e teológica», que se realizará em Florença, de 26 a 30 de maio. O evento acadêmico será realizado dentro do Ano Internacional da Astronomia, proclamado pelas Nações Unidas em memória dos 400 anos das primeiras observações astronômicas (1609) por parte de Galileu Galilei (1564-1642). Será organizado por Stensen, um instituto dos padres jesuítas localizado em Florença, com o fim de favorecer a pesquisa e o debate entre diversas culturas. Seu objetivo é plenamente formativo e está dirigido especialmente às gerações mais jovens. O congresso contará com 33 expositores, entre historiadores, teólogos e cientistas; entre eles está o jesuíta e astrônomo George Coyne, ex-diretor do observatório astronômico vaticano, o professor Evandro Agazzi, professor presidente honorário da Federação Internacional de Sociedades Filosóficas (FISP), Nicola Cabibbo, físico italiano, conhecido pelos trabalhos sobre integração nuclear, Paolo Rossi, professor emérito de História da Ciência da Universidade de Estudos de Florença, entre outros. O professor Rossi assegurou durante a apresentação do evento que este tratará de «todos os temas essenciais: a condenação da doutrina de Copérnico em 1616 e o processo a Galileu em 1633; a gêneses do caso Galilei na Itália, França e Inglaterra do século XVII; a história deste caso antes do Iluminismo e depois no século XIX (na idade do Positivismo) e por último, do século XX até os nossos dias». O congresso, apoiado pela presidência da República Italiana, está patrocinado pela Região Toscana, e conta com o apoio da presidência do Conselho de Ministros e do Ministério para os Bens e Atividades Culturais. Participarão 18 instituições de setores representativos da vida cultural e científica, entre elas o Conselho Pontifício para a Cultura, a Pontifícia Universidade Gregoriana, a Pontifícia Academia das Ciências e a Universidade de Florença. Participarão 18 instituições de setores representativos da vida cultural e científica, entre elas o Pontifício Conselho para a Cultura, a Pontifícia Universidade Gregoriana, a Pontifícia Academia das Ciências e a Universidade de Florença. A inauguração se realizará na basílica florentina da Santa Cruz (Santa Croce), onde se encontra o túmulo de Galileu e de outros importantes personagens italianos. O evento de encerramento será realizado em 30 de maio, na Vila il Gioiello ad Arcetri, em Florença, que foi a última casa onde Galileu morou. Lá, Evandro Agazzi, Paolo Galluzzi, Paolo Prodi e Adriano Prosperi discutirão sobre Galileu na contemporaneidade, a relação com a Igreja e as perspectivas da busca biotecnocientífica. Igualmente, para esta ocasião estão sendo organizados eventos cinematográficos, culturais e teatrais que serão realizados em Florença, dentro da comemoração do Ano da Astronomia.
Mais informação: http://www.sten/

É NECESSÁRIO ENCONTRO DE FRONTEIRAS ENTRE FÉ E CIÊNCIA

A Gregoriana organizará um Congresso sobre a teoria da evolução
Por Marco Cardinali ROMA, quarta-feira, 28 de janeiro de 2009 (ZENIT.org).- Em 2009, celebram-se 150 anos desde que Charles Darwin escrevera «A origem das espécies», obra fundamental da biologia evolucionista. A partir de recentes descobertas científicas relevantes, a teoria da evolução biológica merece uma atenta e séria reconsideração, tanto do ponto de vista científico como de uma perspectiva filosófica e teológica, evitando as posturas ideológicas que com frequência dominaram o debate. Com esta convicção, e com o objetivo mais geral de promover uma correta e fecunda relação dialética entre ciência, filosofia e teologia, a máquina organizativa trabalha para preparar o congresso internacional «A evolução biológica: fatos e teorias», organizado pela Universidade Pontifícia Gregoriana, dentro do projeto STOQ, e sob o alto patrocínio do Conselho Pontifício para a Cultura. Zenit entrevistou o arcebispo Gianfranco Ravasi, presidente do citado conselho, com o fim de mostrar a importância de um tema que apaixona cientistas, filósofos e teólogos, e atrai um grande número de pessoas.
–O senhor poderia explicar por que o Conselho Pontifício para a Cultura quis patrocinar este congresso? – Dom Ravasi: Há duas razões importantes. Uma se refere às funções do próprio Conselho que, tendo como própria essência a cultura, a considera na forma atual. A cultura não é só a dimensão artística, intelectual, humanística, mas leva em conta muitas disciplinas que hoje têm ressonância dentro da experiência social e humana, como parte do próprio interesse da cultura. Sabemos, por outro lado, que hoje a categoria «cultura» se converteu em algo transversal e, em consequência, atravessa as experiências fundamentais do homem em sua capacidade de reflexão, portanto de interpretação da realidade. A ciência está certamente no ponto mais alto da cultura contemporânea, portanto exige uma confrontação, uma atenção por parte de quem tem precisamente como referência a cultura. A segunda razão se refere ao fato de que a dimensão científica provocou com frequência nos últimos tempos a dimensão religiosa; portanto, a confrontação entre fé e ciência se converteu em uma das confrontações mais agudas e delicadas. Por este motivo, é indispensável sobretudo voltar a construir um encontro nas fronteiras. Ou seja, o cientista deve começar a olhar além, começar a ver o horizonte da filosofia e da teologia, arrancando de sua mente a convicção de que estamos em presença de um resto arqueológico, de um paleolítico intelectual remoto, contrário à força da ciência; por outro lado, o teólogo e o filósofo devem conseguir olhar o campo do científico sem temer sempre que haja pessoas que querem construir novos monstros, rompendo todo vínculo, todo perímetro próprio da humanidade, ou, em todo caso, da antropologia. Esta segunda razão importantíssima se sintetiza em uma palavra da qual se abusou muito, e muito difícil de colocar em prática: diálogo.
– Portanto, o tema se insere no atraente debate entre ciência e fé, com a esperança de que desemboque em um verdadeiro diálogo. Existe o risco de que, por uma parte ou pela outra, se tenda a encontrar uma postura definitiva, apoiada só em uma vertente?
– Dom Ravasi: Os riscos são muitos e estão sempre escondidos quando se começa a considerar questões de fronteira, sempre muito delicadas, que admitem por sua própria natureza ultrapassar limites. O primeiro risco é o de uma espécie de «definitividade» que todo campo do saber afirma para si mesmo mas, paradoxalmente, o risco pode ser também o contrário, ou seja, a afirmação de algum elemento extravagante, no verdadeiro sentido do termo, que sai, vaga fora do horizonte em que se está inserido. Há cientistas, por exemplo, que são rigorosos em sua própria área de conhecimento e que, provocados por uma confrontação em âmbito filosófico ou metodologicamente diferente, suscitam teorias que são alheias e que estão muito além de sua própria fronteira. Outro risco é fazer de modo que alguém procure encontrar, dentro da confrontação, suas próprias teses, suas próprias soluções. Nesta ótica, certamente alguns se sentirão excluídos do debate, se farão sentir e dirão que falta sua voz específica. Pensemos, por exemplo, em toda a corrente americana do chamado «criacionismo», que tem certamente sua própria visão e que, no futuro, poderia ser inclusive objeto de outro forte confronto. Portanto, os riscos são múltiplos, mas estou convencido de que a possibilidade, entre homens de cultura, no sentido mais alto e nobre do termo, de confrontar-se, fará que muito além das rebarbas, muito além de alguma degeneração, está, ao contrário, a possibilidade de uma confrontação séria e qualificada. Com frequência, quando falo de diálogo inter-religioso, uso uma imagem, que considero adequada ao nosso tema: a imagem do dueto; ou seja, levar em conta que, para conseguir a harmonia, não é necessário que haja uma concordância, que teologia e ciência digam o mesmo; se for assim, provavelmente uma das duas se equivoca, porque necessariamente leem a realidade a partir de duas perspectivas diferentes. A imagem do dueto, ao contrário, indica que a harmonia pode dar-se inclusive se estivessem cantado juntos um soprano e um baixo, porque cada um tem seu timbre, mas ao mesmo tempo se associa ao outro e se constrói a harmonia. São duas leituras a partir de dois ângulos diferentes; são perspectivas diferentes sobre a mesma realidade, que devem conservar a própria diversidade, mas mostrar que são interpretações da mesma realidade.
– Já há muitas iniciativas internacionais previstas para 2009 e algumas de cunho científico. Até hoje, esta é a maior organizada na Igreja sobre este tema. E se destaca a vontade de confrontar-se em questões de fronteira. Aos riscos que já citamos se poderia acrescentar que talvez este congresso, altamente científico, seja para poucos e que a maioria das pessoas fique distante e não se envolva no assunto?
– Dom Ravasi: De fato, já propus aos organizadores, antes de qualquer coisa, que se mantenha o rigor. É fundamental, porque se já se concebe o encontro como de tipo divulgativo, incorre-se na aproximação, e depois se chega a um acordo genérico, ou à dissociação sempre baseada em pressupostos ideológicos anteriores. Portanto, quem se inscreve deve ser consciente de que todas as palestras serão de alto nível e que haverá de empenhar-se, com o esforço próprio de quem deve trabalhar com o pensamento, portanto, com uma elaboração conceitual e temática sofisticada e afinada. Propus que, ainda mantendo o rigor neste congresso, depois haja ao menos dois possíveis itinerários: talvez um encontro, ou inclusive simplesmente um workshop. Será estudado como, seja com um enfoque didático, ou levando em conta eventuais objetivos, transcrição dos conteúdos, e inclusive visões mais gerais em torno desse tema da evolução biológica, e ao problema da relação fé-ciência para fins pastorais e inclusive escolares, didáticos. Se for rigoroso, pode inclusive ser acolhido no âmbito escolar, disciplinar, talvez do Ensino Médio, sem excluir a possibilidade de fazer também trabalhos com crianças do Ensino Fundamental. O segundo itinerário é elaborar textos, não dos atos acadêmicos, mas que tenham a finalidade de poder ir ao encontro de perguntas que surgem da base, de pessoas que suportam provocações contínuas sobre estes temas, por parte de jornais, revistas, televisão, e que se resolvem, na maioria das vezes, só com frases prontas e algumas vezes inclusive com ironia, e não com um aprofundamento sério. Neste segundo âmbito, poderão se envolver instituições eclesiásticas, culturais, que tenham este aspecto no centro de seu interesse cultural; penso por exemplo nas universidades pontifícias.
– Já faltam menos de dois meses para a celebração do congresso. Que atitude o senhor aconselharia aos participantes ou a quem for acompanhá-lo de longe?
– Dom Ravasi: Poderíamos quase evocar uma tradição da história da cultura. São dois os verbos fundamentais que formam a cultura. Por um lado, o verbo escutar, que inclui evidentemente o verbo ler. Escutar é o mais difícil. Não é verdade que é mais difícil falar em público, é muito mais árduo escutar. Escutar quer dizer seguir os itinerários propostos à atenção, com um esforço; tanto é verdade que nós, os italianos, temos uma palavra muito significativa para indicar o que não tem sentido, é absurdo, que deriva de surdez, ou seja, não ser capazes de ouvir as argumentações. Portanto, vir um pouco despojados de tantos preconceitos, tantos condicionamentos e começar a seguir os itinerários que se indicam. O exercício da escuta é fundamental, sobretudo em caso de comunicações sofisticadas como estas. O segundo verbo fundamental é conhecer. Eu diria que a definição mais alta de cultura é a que se encontra na primeira linha da Metafísica de Aristóteles, onde se afirma que todos os homens, por sua natureza, desejam conhecer. O conhecimento, contudo, não é apenas questão intelectual; aqui se tocam problemas que, como se vê, são claramente de tipo existencial, porque tocam a pergunta fundamental sobre quem somos, que sentido temos. Naturalmente, o cientista enfrenta esta pergunta simplesmente do ponto de vista dos mecanismos que determinam o ser, a realidade que constitui, neste caso, o homem em sua identidade. A filosofia e a teologia exaltam, ao contrário, o conhecimento através de outras dimensões. Também o científico, por outra parte. Eu diria que há ao menos quatro elementos envolvidos no conhecimento: a inteligência; a vontade, e aqui é preciso voltar verdadeiramente a um querer juntos, uma vontade comum ao serviço da humanidade; o sentimento, ou seja o aspecto afetivo, o aspecto da paixão, que é indispensável. Há temas que, entre outras coisas, nos envolvem muito profundamente e se referem a quem somos realmente; e, por último, também a ação, o agir. Conhecer, na Bíblia, indica inclusive o ato sexual entre duas pessoas que se amam e que constroem, portanto, uma família, a casa, o futuro. Em nosso caso, o conhecimento terá ressonâncias concretas que podem ser muito delicadas. Em consequência, acompanhar este congresso quer dizer conhecer intelectualmente, fazer um grande exercício também com a vontade, a sabedoria, que sabe julgar e participar, sabendo que estamos todos chamados a isso, porque é uma demanda que nos afeta; e, no final, recordar que devemos construir uma ciência , uma teologia, uma filosofia que repercutam na existência e na história. Para mais informação: www.evolution-rome2009.net/ ou http://www.unigre.it/
Fonte: Zenit
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